lunes, 10 de septiembre de 2007

Marcos 1:12-13

“Comentario Analítico, Exegético y Homilético”
Marcos
Alex Donnelly


MARCOS 1:12-13

12 Y luego el Espíritu lo impulsó al desierto. 13 Y estuvo allí en el
desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las
fieras; y los ángeles le servían
.”


Pasajes Paralelos: Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13


I. ANÁLISIS


Luego de ser bautizado, el Espíritu Santo llevó el Señor al desierto. Ahí entró en conflicto con Satanás, quien lo tentó durante cuarenta días. Mateo y Lucas narran, en detalle, tres de las tentaciones que Cristo experimentó en esos días (Mat 4:1-11; Lucas 4:1-13). Marco no menciona esos detalles; simplemente afirma que durante ese tiempo, el Señor estuvo rodeado de animales salvajes, y contó con el servicio de los ángeles.

Podemos dividir el texto en tres secciones:

1. El Impulso del Espíritu (v.12)

2. La Tentación de Satanás (v.13a)

3. El Ministerio de los Ángeles (v.13b)




II. EXÉGESIS


Verso 12

Y luego el Espíritu le impulsó al[1] desierto

Es interesante notar que lo primero que el Espíritu Santo hizo fue llevar a Cristo al desierto. El verbo, “impulsó” (‘ekballo’) es dramático[2]. El verbo simple, ‘ballo’, significa ‘tirar’ o ‘echar’ (Marcos 1:16). La preposición (‘ek’), significa ‘fuera de’. Por ende, el verbo ‘ekballo significa (literalmente) ‘echar fuera’. Este verbo se usa frecuentemente de ‘echar fuera’ demonios (Marcos 1:34, 39; etc.). Se usa también en el sentido de ‘despedir’ a personas (Marcos 1:43). Marcos lo usa del Señor sacando a ciertas personas de una habitación (Marcos 5:40).
Aquí se usa del Espíritu Santo impulsando al Señor a ir al desierto. Aunque apunta a un impulso fuerte y enérgico, no se debe entender que Cristo puso resistencia a la dirección del Espíritu Santo. Cristo siempre se sometía a los impulsos del Espíritu, por ser algo que indicaba la voluntad del Padre. En este caso, lo que Marcos indica, es que el impulso fue inusualmente fuerte.

Pero, ¿por qué el Espíritu Santo impulsó al Señor al desierto? Indudablemente, fue porque el Espíritu Santo sabía que esa era la voluntad del Padre. Tal como el Hijo no hizo nada, que no haya sido la voluntad del Padre, así actuó el Espíritu Santo. ¿Cuál era la voluntad del Padre en este momento? Según Mat 4:1, Cristo fue enviado al desierto para ser tentado por Satanás[3]. Sin embargo, podríamos decir que la voluntad del Padre era que el Señor tuviera un tiempo de preparación espiritual para el ministerio, lejos de las cosas del ‘mundo’ (por ende, los cuarenta días de ayuno). Lo que pasó fue que Satanás aprovechó ese tiempo para tentar a Cristo, en forma malévola, tratando de impedir el cumplimiento de Su ministerio.

LECCIÓN: Muchas veces, cuando nos proponemos buscar más a Dios, encontramos mayores
Obstáculos y tentaciones por parte de Satanás.


Verso 13


Y estuvo allí en el desierto cuarenta días…”


La estadía de Cristo en el desierto duró cuarenta días[4]. Cristo no fue tentado durante la totalidad de esos cuarenta días; sin embargo, estos cuarenta días constituyeron un período específico de tentaciones muy fuertes.


“…y era tentado por Satanás

Marcos solo ofrece un resumen de lo que pasó durante esos cuarenta días; no describe las tentaciones. Para mayores detalles de las tentaciones mismas, ver Mat 4:1-11 y Lucas 4:1-13.

El verbo (‘peirazo’) significa ‘probar’. Se usa en el sentido objetivo, de probar la calidad de algo; es decir, practicar una prueba externa, para evidenciar la calidad de algo[5]. Sin embargo, también se usa en el sentido subjetivo, de ‘poner a prueba’ (algo o alguien); es decir, practicar una prueba interna, para ver la reacción de algo o de alguien. Este segundo uso del verbo puede ser positivo o negativo. Cuando se usa en el sentido positivo, la idea es ‘probar’ algo o a alguien, para evidenciar lo bueno que eso es (ver Juan 6:6; Heb 11:17). Cuando se usa en el sentido negativo, la idea es ‘probar’ algo o a alguien, para inducirle a cometer un acto pecaminoso; en este caso, la palabra es traducida ‘tentar’ (ver Marcos 10:2; 12:15). Satanás es el ‘tentador’; Dios nos ‘prueba’ (ver Sant 1:13-14).

Aquí el verbo se usa en el sentido negativo. Obviamente, lo que Satanás quería hacer era inducir a Cristo a cometer algún pecado. En el cielo, no se le habría ocurrido a Satanás tratar de hacer esto. Sin embargo, ante la realidad de la encarnación de Cristo, Satanás procuró hacer caer al Señor en pecado. ¿Era factible esto? Es decir, ¿podría Cristo realmente haber cometido un pecado? Para una respuesta detallada, ver Apéndice (p. 29).

Este incidente de la tentación de Cristo debe ser analizado a la luz de textos como Heb 2:18; 4:15. Dios el Padre permitió que Cristo sea ‘tentado’, para que Él pueda ayudarnos cuando somos tentados por Satanás. Así que, ¡tenemos mucho que aprender de las tentaciones de Cristo!


La manera en que Marcos escribe da la impresión que Cristo fue tentado a lo largo de los cuarenta días (comparar Lucas 4:2); sin embargo, Mateo parece indicar que la tentación ocurrió al final de los cuarenta días de ayuno (Mat 4:2).

NOTA: Luego de un momento de gran bendición espiritual (la unción del Espíritu Santo, y las
palabras del cielo), vino un tiempo de gran prueba espiritual. Estas dos cosas muchas
veces van de la mano en la vida cristiana. Ver la experiencia de Pablo, en 2 Cor 12:7.


Juan afirma que Cristo vino para deshacer las obras de Satanás (1 Juan 3:8). Aquí, al comienzo de Su ministerio, Satanás trató de derrotar a Cristo, por medio de las tentaciones. Sin embargo, en vez de derrotar al Señor, él mismo sufrió una derrota, a manos de Cristo, quien luego volvió del desierto en el poder del Espíritu Santo (Lucas 4:14), listo para evidenciar Su victoria, sanando a los enfermos, echando fuera a los demonios, y predicando el evangelio del reino (ver Lucas 11:14-22, especialmente v. 20).

Este tiempo de tentación se dio en el “desierto”. Esto es interesante, porque el desierto es un lugar solitario, donde uno espera tener mayor comunión con Dios. Sin embargo, lejos del ‘mundo’, y las tentaciones de la ‘carne’, Cristo es terriblemente tentado. Esto muestra que ningún lugar está libre de tentaciones.


La tentación de Cristo fue promovida por nada menos que Satanás mismo[6]. ¿Quién es este personaje?

Aunque algunos ‘modernistas’ o ‘liberales’ niegan la existencia de Satanás, la Biblia lo afirma con toda claridad. Satanás fue, originalmente, un gran ángel (“querubín grande, protector”, Ezeq 28:14), y era llamado ‘Lucero’, que significa ‘hijo de la mañana’ (Is 14:12). Aparentemente, fue la máxima expresión de la creatividad de Dios (Ezeq 28:12-13). Sin embargo, el mismo poder y hermosura de Satanás, lo llevaron a caer en el orgullo y la vanagloria. Queriendo ser igual a Dios, se rebeló contra Él, y cayó en pecado (ver Is 14:13-15; Ezeq 28:16). Con él, se rebelaron hasta una tercera parte de todos los seres angelicales (Apo 12:3-4).

A partir su caída, Lucero vino a ser ‘satanás’. Esta palabra viene de un término en hebreo, que significa ‘adversario’ (1 Crón 21:1; Job 2:1). Otro de sus nombres es ‘diablo’ (griego), que significa ‘acusador’ o ‘calumniador’ (Apo 12:10-12). Los dos nombres aparecen juntos en Apo 12:9.



y estaba con las fieras…”

La preposición que Marcos usa es interesante; es la palabra ‘meta’, que significa ‘en medio de’ o ‘entre’ (ver Marcos 1:20; 2:16, 19; etc.). La versión BDLA traduce, “y estaba entre las fieras’; DHH traduce, “viviendo entre las fieras”.

El término, “fieras” (‘terion’), significa ‘bestias’ (Heb 12:20) o ‘animales salvajes’ (Sant 3:7). En Apo 13-20, esta palabra se usa varias veces, tanto del anticristo (la ‘Bestia’), como del falso profeta. Una creencia judía era que el desierto estaba habitado por demonios (comparar Lucas 8:29; 11:24), y algunos intentan relacionar estos animales salvajes con los demonios. Sin embargo, esta interpretación no es probable.

¿Qué animales estarían en el desierto? Podríamos señalar chacales, lobos, serpientes, escorpiones, y hasta leopardos.

Marcos es el único evangelista que nota este detalle. ¿Cuál es su significado? Algunos afirman que apunta al peligro y a la desolación en la cual Cristo se halló durante estos cuarenta días. Otros dicen que esta frase debe ser entendida como una indicación de la ausencia total de compañerismo humano, que podría haberlo sostenido en las tentaciones más fuertes. Algunos intentan relacionar este detalle con Sal 91:13, que es el verso que sigue las palabras que Satanás citó a Cristo (Sal 91:11-12).


NOTA: El contraste con la experiencia de Adán es interesante[7].

– Adán fue tentado en un huerto; Cristo fue tentado en un desierto.
– Adán fue tentado en una sola manera; Cristo fue tentado “en todo”.
– Adán estuvo acompañado por Eva; Cristo estaba solo.
– ¡Adán cayó en pecado! ¡Cristo resistió hasta el final!
– Cediendo a la tentación, Adán condenó la raza humana; resistiendo a la tentación, Cristo
salvó a los que confían en Él.


“…y los ángeles le servían

El verbo (‘diakoneo’) significa ‘servir a mesa’, e indica que los ángeles quizá le dieron de comer (al igual que lo hicieron con el profeta Elías; 1 Rey 19:4-8). Sin embargo, el verbo puede tener el sentido más general, de ‘servir’. Si lo interpretamos en esta manera, lo que Marcos estaría describiendo sería la presencia confortante de los ángeles, brindando a Cristo cualquier servicio necesario (comparar Juan 1:51).

Marcos no indica en qué momento los ángeles vinieron a servir a Cristo. El verbo está en tiempo imperfecto, que apunta a una acción continua (‘le estaban sirviendo constantemente’).
Pero, Mat 4:11 indica que los ángeles vinieron a atender a Cristo luego de los cuarenta días de tentación espiritual.

¡Qué tremendo privilegio para estos ángeles! Atendieron a Cristo durante estos días de conflicto espiritual. Aquellos que lo conocían como el Dios eterno, y lo habían visto en la gloria, ahora lo ven en su debilidad humana – ¡y le sirven! ¡Con qué asombro lo habrán hecho!


Al fin de estos cuarenta días de preparación y prueba, Cristo vuelve del desierto habiendo triunfado sobre el ‘hombre fuerte’, y habiéndolo ‘atado’. Ahora todo está listo para el inicio de Su ministerio terrenal.




APÉNDICE: “¿Pudo Cristo haber Cometido Pecado?”


Esta es una pregunta teológica que ha intrigado a muchos pensadores, y ha provocado una variedad de respuestas. Por un lado, algunos enfatizan la humanidad de Cristo, y concluyen que si Él realmente se encarnó, entonces tenía que ser a lo menos posible que Él cometierar pecado. De ser así, las tentaciones de Cristo fueron verdaderas tentaciones.

Otros, enfatizando la divinidad de Cristo, arguyen que siendo Dios, no era factible que Cristo cometiera pecado. ¡Satanás estaba intentando lo imposible! Porque Dios, por definición, no puede pecar. ¡Todo lo que Él hace es justo!

El problema con esta segunda interpretación, es que tiende a minimizar las tentaciones de Cristo. Si Él realmente no pudo caer en pecado (es decir, si no había forma alguna en que Satanás lo podía inducir a pecar), entonces las tentaciones no fueron verdaderas tentaciones; a lo menos, no fueron tentaciones como las que nosotros experimentamos.

A la luz de Heb 2:18 y 4:15, tenemos que afirmar la completa realidad de las tentaciones de Cristo. Pero, ¿podía Él, siendo Dios, realmente haber cometido algún pecado? Esto no parece ser factible; especialmente a la luz de lo que Cristo mismo dice en Juan 4:34; 5:30; 6:38, acerca de siempre hacer la voluntad del Padre.

La conclusión a la cual llegamos es que en Su humanidad, Cristo podría haber pecado. Al encarnarse, Cristo no asumió una naturaleza pecaminosa, pero sí, una naturaleza ‘pecaminable’ (es decir, que podía pecar). Si es que no cayó en pecado (como hombre), no fue porque le era imposible pecar, sino porque el Espíritu Santo lo mantuvo en constante obediencia al Padre. Por otro lado, en Su divinidad, Cristo indudablemente no pudo haber cometido pecado. Sin embargo, en forma encarnada, Dios (en Cristo) sintió la tremenda fuerza de la tentación de Satanás.

Edersheim lo resume en la siguiente manera: Cristo tuvo una naturaleza pecable (es decir, capaz de cometer pecado), en una Persona impecable (es decir, incapaz de pecar).





III. HOMILÉTICA


TEMA: “Conflicto Espiritual”

Todo creyente enfrenta un conflicto espiritual, a lo largo de su vida (Efe 6). Este conflicto se agudiza, cuando vamos a servir a Dios. Esto fue lo que ocurrió en la vida de Cristo en este momento.

¿Qué lecciones podemos aprender de este pasaje, acerca del conflicto espiritual en la vida del creyente?


1. El Origen del Conflicto (v.13)

El conflicto espiritual tiene su origen en Satanás (v.13), el gran enemigo de Dios. Es un ser espiritual (un ángel creado); es un ser malévolo (‘adversario’, ‘acusador’, etc). Es la ‘serpiente antigua’, etc.


2. La Naturaleza del Conflicto (v.13)

En el desierto, Cristo fue tentado por Satanás. El verbo significa ‘poner a prueba’; en este contexto, significa inducir a pecar. Lo que Satanás procura hacer es motivarnos a rebelarnos contra Dios (al igual que él lo hizo, hace tanto tiempo).

EJEMPLO: La tentación de Adán y Eva.


3. La Soberanía de Dios en el Conflicto (v.12)

¿Cuál es el papel de Dios en este conflicto?

i. Él está en control del conflicto. “el Espíritu lo impulsó al desierto” a ser tentado
por Satanás (ver Mat 4:1).

ii. Él protege en el conflicto. Cristo estaba con los animales salvajes. Seguramente
Satanás hubiera querido inducirles a atacar a Cristo, sin embargo Dios el Padre no lo
permitió (Sal 91:13).

iii. Él sustenta en el conflicto. Lo sustentó por cuarenta días (emocional, espiritual y
físicamente). En este caso, envió a los ángeles a servir a Cristo.


Conclusión

Tenemos que aceptar la realidad del conflicto espiritual.
Tenemos que dejarnos guiar por el Señor en este conflicto.
Tenemos que confiar en Él, durante el conflicto espiritual.




[1] La preposición que Marcos usa aquí no es ‘pros’, que significa ‘dirección hacia’, sino ‘eis’, que conlleva la idea de ‘ir hacia adentro’. La implicancia de esta preposición es que el Espíritu Santo guió al Señor a internarse en el desierto.
[2] Mateo y Lucas usan verbos más tranquilos (‘anago’ y ‘ ago’, respectivamente), que significan, simplemente, ‘llevar’ o ‘conducir’.
[3] “Fue enviado por el Buen Espíritu para ser tentado por un mal espíritu” (Jeremy Taylor).
[4] Moisés estuvo en el monte cuarenta días y noches sin comer (Ex 24:18; 34:28); Israel estuvo en el desierto cuarenta años (¡experimentando tentaciones! – Deut 8:2, 16); Elías pasó cuarenta días caminando hasta el Mte Horeb (1 Rey 19:8).
[5] Por ejemplo, 2 Cor 13:5 (“Examinaos”), donde el verbo ‘peirazo’ se usa como sinónimo de ‘dokimazo’ (“probaos”), que significa ‘evaluar’, para ver la calidad de algo (ver Lucas 14:19). Ver también Apo 2:2, donde el verbo ‘peirazo’ se usa de probar a personas que decían ser apóstoles, pero no lo eran. Aquí la prueba era externa, doctrinal.
[6] Mateo y Lucas usan el nombre o título, ‘Diablo’.
[7] Otros comparan este encuentro entre Cristo y Satanás con el encuentro entre David y Goliat.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Marcos 1:9-11

“Comentario Analítico, Exegético y Homilético”
Marcos
Alex Donnelly


MARCOS 1:9-11


“9 Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado
por Juan en el Jordán. 10 Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al
Espíritu como paloma que descendía sobre él. 11 Y vino una voz de los cielos que
decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.”


Pasajes Paralelos: Mateo 3:13-17; Lucas 3:21-22; Juan 1:29-34.




I. ANÁLISIS

Un día, mientras Juan bautizaba, Jesús vino de Nazaret, y pidió ser bautizado (v. 9). Al momento de salir del agua, el Espíritu Santo descendió sobre Cristo, en forma de una paloma (v.10). Enseguida, una voz del cielo dijo, “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (v.11).

Estos versos son de gran interés e importancia. En ellos leemos del encuentro entre dos grandes personajes: Juan el Bautista, el último de los profetas del AT, y Cristo, el precursor del Nuevo Pacto. Por lo tanto aquí tenemos el encuentro entre las dos grandes épocas bíblicas. Los tres versos están repletos de significado espiritual.

En estos tres versos tenemos también las tres personas de la Trinidad en acción:


1. El Bautismo del Hijo (v. 9)

2. El Descenso del Espíritu (v.10)

3. La Voz del Padre (v.11)



II. EXÉGESIS


Verso 9

Aconteció en aquellos días…”

Era el año 26 o 27 d.C., cuando Juan ya había desarrollado su ministerio por varios meses. Jesús tenía 30 años (Lucas 3:23); Juan era mayor por seis meses (ver Lucas 1:36).


“…que Jesús vino de Nazaret de Galilea

Aunque muchos afirman que Juan y Jesús eran primos (ver Lucas 1:36), no hay indicación alguna que hubo contacto entre ellos antes de este momento (ver Juan 1:31, 33). Juan fue criado en el sur de Judá (Lucas 1:39-40), mientras que Jesús creció en el norte (Nazaret). Es probable que se conocían por nombre[1], aunque en el caso de Juan esto depende de la fecha en que sus padres murieron (dado a que eran de edad avanzada cuando nació Juan; Lucas 1:7).

Es interesante observar que Cristo no pidió a Juan ir a Galilea, para bautizarlo en el Mar de Galilea, sino que Él mismo fue a buscar a Juan, para ser bautizado por él. ¡Cuan humilde fue el Rey de la gloria durante Su encarnación! No vino para ser servido, sino para servir.


y fue bautizado por Juan en el Jordán

Al venir a ser bautizado por Juan, no hizo un gran escándalo, para que toda la gente lo viera. Vino en el anonimato, y quizá estaba solo cuando fue bautizado por Juan.

La frase, “en el Jordán”, es la traducción de ‘eis ton Iordanen’. La preposición, ‘eis’, significa ‘hacia adentro’, e implica que Cristo descendió al río Jordán, y se metió en las aguas.


Una pregunta que ha interesado a muchos comentaristas es, ¿por qué se bautizó Jesús? Juan reconoció quien era Jesús, y se resistió bautizarlo (Mat 3:14). ¡El que escuchó las confesiones de otros, ahora confiesa su propia necesidad: “Yo necesito ser bautizado por ti” (Mat 3:14)! Sin embargo, ante la negativa de Juan, Jesús explicó porqué era necesario que Él sea bautizado; era “porque así conviene[2] que cumplamos toda justicia” (Mat 3:15). ¿Qué quiso decir con esto? Obviamente no fue un reconocimiento de ser pecador.

Algunos interpretan la frase, “cumplir toda justicia”, en el sentido de ‘toda ordenanza justa’, y relacionan el bautismo de Cristo con la circuncisión de Cristo. La circuncisión fue una clara ordenanza del AT; por eso Cristo se sometió a ella. Aunque es cierto que el AT nunca ordena el bautismo en agua, sin embargo en los labios de Juan el Bautista este acto vino a ser una ordenanza, por la sencilla razón que Juan vino de Dios, era profeta, y su bautismo era de Dios (Mateo 21:25).

Calvino interpreta el bautismo de Cristo a la luz de Rom 6:3-4, afirmando que Cristo fue bautizado para asegurarnos a nosotros los creyentes, que hemos sido “injertados en Su cuerpo”. Sin embargo, esto no nos parece correcto. En Rom 6, Pablo está hablando de ser bautizados juntamente con Cristo, “en su muerte”, no en Su bautismo. Sin embargo, podríamos decir que el bautismo de Cristo representó, profética y simbólicamente, la muerte, entierro, y resurrección de Cristo (Rom 6:3-4).

Edersheim observa que el bautismo de Juan fue en anticipación de la manifestación del reino de Dios. El llamado a las personas era que se preparen para la venida de ese reino. En el caso de todo ser humano, esta preparación requirió la confesión y el arrepentimiento del pecado. Jesús no tuvo que hacer eso; sin embargo, fue ‘justo’ (es decir, lo correcto) identificarse con este mensaje de la manifestación del reino de Dios, y por eso, se bautizó.

Otra explicación complementaria, es que Cristo vino, no para hacer Su voluntad, sino la de Su Padre. Aplicando este principio al bautismo de Cristo, podemos decir que Cristo se bautizó, simplmente porque esa era la voluntad del Padre (Sal 40:7-8)[3]. No requirió mayor motivación que ello.

Una quinta interpretación es que el bautismo de Cristo fue parte de la humillación de la encarnación. Adaptando las palabras de Pablo, en Fil 2:8, podríamos decir que Cristo, “estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente…” hasta las aguas del bautismo. En Su bautismo, Cristo veló (voluntariamente) Su naturaleza divina, y tomó completamente la forma externa de un hombre (pecador). En Romanos 8:3, Pablo afirma que Dios el Padre envió a Su Hijo, “en semejanza de carne de pecado”. Las personas, al ver a Cristo descender a las aguas del Jordán, pensarían que él también estaba reconociendo y confesando sus pecados; cosa que evidentemente NO era cierto.


“Tal vez para Jesús el bautismo significaba dedicación a su misión, identificación con la mejor predicación profética de su tiempo, y consagración de su vida a Dios” (R. Brown).

Muchos comentaristas ven en el bautismo de Cristo una primera señal de Su identificación con los pecadores, y una disposición de tomar sobre Sí la pecaminosidad del mundo. Sin embargo, los autores del NT nunca adoptan esta postura, reservando la identificación del Señor con los pecadores para Su muerte en la cruz. Sin embargo, Cranfield observa que Cristo a veces usó el ‘bautismo’ como sinónimo de Su muerte (Marcos 10:38; Lucas 12:50), y usa esto para justificar su opinión de que Cristo se bautizó en señal de Su identificación con los pecadores.


Verso 10

Y luego, cuando subía del agua…”

Lucas indica que la experiencia de ver los cielos abiertos, y el Espíritu descendiendo en forma paloma, ocurrieron cuando Cristo estaba orando (Lucas 3:21)[4]. ¿Qué estaría orando? Seguramente pidiendo al Padre esa ‘doble unción’ para poder cumplir Su ministerio terrenal, y llevar a cabo la voluntad del Padre en la tierra (ver Mat 6:10 y Heb 10:7). Fue contestado con el descenso del Espíritu Santo sobre Él.


“…vio abrirse los cielos…”

La palabra, “abrirse”, viene del verbo ‘skizo’, que significa ‘partir’, ‘romper’, ‘rasgar’[5]. Mateo, Marcos y Lucas usan este verbo del velo del templo, que se rasgó en dos (Mat 27:51; Marcos 15:38; Lucas 23:45). Juan lo usa de los soldados, quienes no quisieron partir la ropa de Cristo (Juan 19:24). Estos usos indican que el verbo apunta a una acción violenta y fuerte, de rasgar algo. La traducción, “abiertos”, realmente no comunica la fuerza de la palabra en griego.

Un comentarista observa que en los evangelios (especialmente en Mateo), los autores usan la forma plural, “cielos”, para hablar de la morada de Dios. El término en singular (“cielo”) se emplea para hablar de la bóveda celeste (ver Mat 11:25; 14:19; etc). De ser así, lo que se vio en ese momento, no fue simplemente que el cielo azul se abrió, en alguna manera, sino que los mismos cielos espirituales se abrieron, permitiendo el descenso del Espíritu Santo.

Marco da a entender que fue Cristo quien vio los cielos rasgados, y al Espíritu Santo descendiendo sobre Él (ver también Mat 3:16). Sin embargo, el cuarto evangelio da a entender que fue Juan el Bautista quien vio al Espíritu descender sobre Cristo (ver Juan 1:32-33).


“…y al Espíritu como paloma que descendía sobre él

La manifestación del Espíritu Santo en forma de paloma es inusual. La representación de la Divinidad en forma de un animal estaba tajantemente prohibido en el AT (Ex 20:4). Es cierto, que en Gén 1:2 leemos que “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”, y que el verbo (“se movía”) se usa de las aves (ver Deut 32:11, “revolotea”); sin embargo, ese texto no identifica al Espíritu Santo con una paloma[6].

Marcos (al igual que Mateo) dice que el Espíritu Santo vino “como” paloma (griego, ‘josei’). Lucas usa la misma palabra, pero añade la frase, “en forma corporal” (Lucas 3:22). A la luz de esto, varios comentaristas niegan que el Espíritu Santo se haya manifestado literalmente como una paloma física, sino que simplemente se vio algo que tenía la forma de una paloma.


Ante la pregunta, ¿por qué el Espíritu Santo se manifestó como una paloma, y no como llamas de fuego (como en Hch 2)? Calvino responde a la luz de Is 42:2-3. Cristo desarrolló un ministerio tranquilo, sin voceríos, etc. Por ende, la figura de una paloma era más apropiada que llamas de fuego (ver Mat 10:16, “sencillos como palomas”). El poder del Espíritu con el cual Cristo ministró, no fue un poder espantoso (causando a la gente temblar), sino un poder manso y humilde, haciendo que las personas se acerquen a Él con confianza, buscando consuelo y amor.


Aunque Juan 1:32 afirma que el Espíritu permaneció sobre Él, esto no debe interpretarse de la figura de la paloma, sino de la realidad de la Persona del Espíritu Santo (aunque, ¿cómo pudo Juan haber visto eso?). En Is 11:2 leemos, “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová”.


Muchos comentaristas han tomado esta experiencia como señalando el momento en que Cristo recibió la llenura del Espíritu Santo para desarrollar Su ministerio terrenal. Sin embargo, hay ciertas dificultades con esta suposición. En primer lugar, Juan el Bautista fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre (Lucas 1:15). ¡Sería extraño que Cristo no tuviera una experiencia similar! En segundo lugar, el hecho de que el Espíritu Santo viniera sobre María para engendrar a Cristo, pareciera confirma que Cristo fue lleno del Espíritu Santo desde el momento de Su concepción. En tercer lugar, lo que leemos de la infancia de Cristo (en el templo), apunta a un niño que ya gozaba la manifestación del Espíritu Santo en Su vida (guiándole, dándole sabiduría, etc.).

Por ende, concluimos que lo que el Señor recibió, en este momento, no fue más del Espíritu Santo, sino que recibió la unción necesaria para llevar a cabo Su ministerio terrenal (Calvino). En esto Cristo sirve como un ejemplo para toda persona llamada al ministerio. Como creyentes, ya tenemos al Espíritu Santo; sin embargo, para desarrollar nuestro ministerio de pastor y predicador, nos hace falta recibir una mayor unción.


NOTA: El Espíritu es invisible y omnipresente; por ende, hay que tener cuidado como
interpretamos las palabras, “vio…al Espíritu”, y “al Espíritu…que descendía”. Lo que
Cristo (y/o Juan) vio, fue no tanto al Espíritu Santo mismo, sino a la figura en la cual el
Espíritu Santo se manifestó en ese momento (la paloma). Además, el verbo ‘descender’
se usa de la forma de la paloma, y no tanto del Espíritu Santo mismo. En el mejor de
los casos, el verbo ‘descender’ sería una expresión antropomórfica (como si Dios
tuviera un cuerpo físico).


Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia

La voz se dirigió a Cristo personalmente, “Tú eres mi Hijo amado” (comparar Lucas 3:22). Mateo presenta estas palabras en forma indirecta, “Este es mi Hijo amado” (Mat 3:17), como si las palabras fuesen dirigidas a Juan el Bautista.

Estas palabras tienen relación con Sal 2:7, donde el Padre dice del Mesías, “Mi hijo eres tú”. También hay un eco de Gén 22:2, donde Dios describe a Isaac (quien en ese capítulo sirve como una figura de Cristo), con las palabras, “a quien amas”.

Cristo ya sabía que era Hijo de Dios (ver Lucas 2:49). Las palabras del Padre sirvieron para confirmar lo que Cristo ya sabía de Sí mismo. Si Juan el Bautista escuchó estas palabras también, entonces seguramente sirvieron para confirmar la identidad divina del Mesías, cuya venida él anunciaba.


El verbo, “tengo complacencia”, está en el aoristo (‘eudokesa’). Apunta al aprecio que el Padre tuvo una vez para siempre, para con el Hijo, en la eternidad. Estas palabras están relacionadas con Is 42:1, donde Dios dice del Mesías, “He aquí mi siervo…mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento”.

Como Matthew Henry bien observa, aunque en la encarnación, Cristo “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Fil 2:7), no dejó de ser el Hijo Amado del Padre. En Su condición de hombre, no perdió la esencia de Dios. Por ende, Dios el Padre lo seguía amando, como lo hacía desde la eternidad.

La traducción, “complacencia”, parece un poco débil. La idea de la palabra, en este contexto, es ‘deleitarse’.


NOTA: En el AT, cuando un profeta iba a ser comisionado por Dios para el ministerio
profético, recibía una revelación divina (ver Is 6; Jer 1, Ezeq 1). Tenemos algo
parecido aquí.

El camino de Cristo fue preparado por Juan el Bautista. Cristo cumplió toda justicia; fue ungido por el Espíritu Santo; fue sido proclamado y aprobado por el Padre. Todo estaba listo para comenzar Su ministerio. ¡Ojalá todos comenzáramos así el ministerio cristiano!




III. HOMILÉTICA


TEMA “La Preparación para el Ministerio”

El ministerio cristiano es de gran importancia. Servir a Dios es un enorme privilegio. Sin embargo, requiere una profunda preparación.

¿Cómo debe prepararse una persona para el ministerio cristiano?

En Marcos 1:9-11, encontramos el modelo de Cristo al respecto. De estos versos podemos notar tres aspectos importantes de la preparación para el ministerio cristiano:


1. La Consagración Personal (v.9)

Cristo se bautizó como un acto de consagración personal:

a. Obediencia al Padre
b. Compromiso con el Reino de Dios
c. Humillación Personal

¿En qué manera nos hemos consagrado personalmente, a la obra de Dios?


2. La Unción Espiritual (v.10)

Aunque era Hijo de Dios, Cristo ministró en el poder del Espíritu Santo. Por ende, pidió del Padre es ‘doble unción’, para poder llevar a cabo Su ministerio terrenal, como Dios encarnado.

¿Hemos recibido nosotros esa ‘doble unción’, o estamos tratando de servir a Dios en la ‘carne’?


3. La Confirmación Celestial (v.11)

Todo siervo de Dios necesita una confirmación de su llamado al ministerio. En este momento, Dios el Padre confirmó la identidad del Hijo y Su complacencia con Él.

¿En qué manera hemos recibido una confirmación celestial de nuestro llamado al ministerio?











[1] Sus respectivas madres seguramente les habrían hablado del hijo de la otra mujer.
[2] El uso de esta palabra es interesante. Cristo no dijo que era necesario que se bautice; simplemente que era conveniente que lo haga. El verbo que Cristo usó fue ‘afiemi’, que tiene la idea (en este contexto) de ‘dejar’ o ‘permitir’.
[3] Comparar las palabras del pequeño Jesús, “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre es necesario estar?” (Lucas 2:49).
[4] Lucas muchas veces habla de la vida de oración de Cristo (Lucas 3:21; 5:15; 6:12; 9:12, 28, 29; 22:32, 41; 23:34, 46).
[5] Mateo y Lucas usan un verbo menos dramático – ‘anoigo’ (Mat 3:16; Lucas 3:21), que significa simplemente ‘abrir’ (ver Mat 2:11; 5:2; etc.).
[6] Aunque el Talmud cita ese texto en la siguiente manera, “El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas, como una paloma” (Edersheim, op. cit.).

sábado, 8 de septiembre de 2007

Marcos 1:4-8

“Comentario Analítico, Exegético y Homilético”
Marcos
Alex Donnelly


MARCOS 1:4-8


4 Bautizaba Juan en el desierto[1], y predicaba el bautismo de arrepentimiento para
perdón de pecados. 5 Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos de Jerusalén;
y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 6 Y Juan estaba
vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía
langostas y miel silvestre. 7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más
poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado.
8 Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo”


Pasajes Paralelos: Mateo 3:1-6; Lucas 3:1-17; Juan 1:19-31


I. ANÁLISIS

Habiendo mencionado las profecías acerca del Mensajero (Juan el Bautista), Marcos ahora describe su ministerio. Éste consistía en la predicación del “bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados” (v.4). El impacto de este ministerio fue grande; gente venía de toda la provincia de Judea a ser bautizado por Juan, en el Jordán (v.5). La vestimenta de Juan hacía recordar al profeta Elías (v.6a); su comida era de lo más sencillo (v.6b). Aunque su ministerio causó un tremendo impacto, Juan reconoció que uno mucho mayor que él estaba por llegar – el Mesías (v.7). Juan bautizaba en agua, pero el Mesías iba a bautizar “con Espíritu Santo” (v.8).


Bosquejo de un mensaje textual sobre Marcos 1:4-8


Introducción – el contexto geográfico del ministerio de Juan (“en el desierto”, v.4a); para el
contexto histórico, ver Lucas 3:1-2.


1. El Ministerio de Juan (v. 4, 6-8)

a. Un Ministerio Profético (v.6-8)

i. Su Vida (v.6)

- Su Vestimenta (v.6a)
- Su Alimentación (v.6b)

ii. Su Mensaje (v.7-8)

b. Un Ministerio Preparatorio (v.4)

i. Su Predicación – “arrepentimiento”
ii. Su Actividad – “Bautizaba…”


2. El Impacto de Juan (v. 5)

Muchísimas personas:

a. Venían a Escucharle

b. Confesaban Sus Pecados

c. Eran Bautizados


Conclusión: ¿Aspiramos tener tal ministerio? ¿Cuáles son las condiciones que debemos
cumplir?




II. EXÉGESIS



Verso 4

Bautizaba[2] Juan en el desierto…”

Marcos no nos ofrece mayores detalles acerca de quién era Juan. Para eso tenemos que ir a Lucas 1:5-25 y 57-80. Juan el Bautista fue el único hijo de Zacarías y Elizabet, una pareja de ancianos que vivían en la zona montañosa de Judea (v. 39-40). Su nacimiento fue anunciado por un ángel, cuando Zacarías estaba ministrando en el templo, cumpliendo su oficio de sacerdote (v.11). Juan fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre (v. 15; comparar v.41, 44). Al nacer, Lucas dice que Juan “se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” (v.80).

El nombre, “Juan”, en griego es ‘Ioannes’ (latín, ‘Johannes’). Se deriva del hebreo, ‘Johanán’ (ver 2 Rey 25:23; etc.), que significa ‘la gracia o la misericordia de Jehová’ (ver Gén 33:11, ‘hecho merced”). El nombre fue asignado por Dios, por medio del ángel (Lucas 1:13), y ratificado por sus padres (Lucas 1:60-63). En Lucas 1:58 leemos que el nacimiento de Juan constituyó una evidencia de la misericordia de Dios para con Elizabet; sin embargo, la mayor misericordia fue la demostrada para con todo el pueblo de Israel (ver Lucas 1:72, 78).

El “desierto” donde Juan desarrolló su ministerio fue “el desierto de Judea” (Mateo 3:1)[3]. Esta es la región que se ubica entre Jerusalén y el valle del Jordán, a lo largo del Mar Muerto (ver mapa bíblico). No era un lugar totalmente desértico, sino una zona montañosa, de poco uso para la agricultura.

¿Qué atrajo Juan al desierto? Podría haber sido simplemente la soledad, donde Juan pudo dedicarse a buscar a Dios, evitando las tentaciones y distracciones de la vida urbana. Por otro lado, el desierto físico representaba muy bien el ‘desierto’ espiritual que reinaba en Israel en ese tiempo. El pueblo de Dios no estaba produciendo ‘fruto’ espiritual; había una ‘aridez’ y una ‘estirilidad’ espiritual entre el grueso de los judíos (ver la parábola de la higuera estéril; Marcos 11:12-14).

Sin embargo, debemos notar que en el AT, el ‘desierto’ tiene un significado importante. El ‘desierto’ fue el lugar donde Dios se reveló al pueblo de Israel, cuando salieron de Egipto. Oseas 2:14 identifica el ‘desierto’ como el lugar donde se efectuaría la reconciliación con Dios, y se hallaría la renovación espiritual.

Para el primer siglo, el ‘desierto’ era considerado el lugar donde el Mesías se manifestaría[4]. Dado a que Juan estaba preparando el camino para el Mesías, escogió el ‘desierto’ como un lugar apropiado para desarrollar su ministerio. Lucas 1:80 dice que Juan estuvo “en lugares desiertos” (plural), hasta el momento en que comenzó a desarrollar su ministerio (cerca al río Jordán)[5]. El uso del plural aquí, indica que Juan no quedó en un solo lugar, sino que iba de ‘desierto’ en ‘desierto’, preparándose para servir a Dios.

Juan comenzó su ministerio cuando le “vino palabra de Dios…” (ver Lucas 3:2). Esta palabra de revelación profética no le vino a Juan por haber cursado estudios rabínicos, sino por haber estado en la ‘escuela’ de Dios, a solas en el desierto. Juan comenzó su ministerio por el año 26 d.C. (Lucas 3:1) Su manifestación fue tan dramática como la de Elías. Ambos se manifestaron a Israel, trayendo la palabra de Dios, a un pueblo sumergido en el pecado y la apostasía espiritual[6].


El verbo, “bautizaba” (‘baptizo’), significa ‘sumergir’[7] o ‘limpiar/lavar con agua’ (ver Marcos 7:4, donde las palabras, “se lavan”, son la traducción del verbo, ‘baptizo’). Los judíos practicaban varios rituales asociados con lavamientos de índole religioso (ver Lev 15:5, 8; Núm 19:7; Heb 9:10). Uno de estos rituales era practicado por los prosélitos, cuando se convertían al judaísmo. El lavamiento con agua que ellos practicaban, señalaba que se estaban purificando de los errores cometidos como paganos e idólatras. Por medio de este lavamiento, se estaban purificando para servir a Dios. Is 1:16 relaciona el lavamiento con el arrepentimiento.

Al adoptar el rito del bautismo, Juan estaba dando a entender que el pueblo de Dios se había vuelto igual que los paganos (comparar Rom 2:25), y que por ende tenían que bautizarse, como si estuvieran convirtiéndose a Dios por primera vez. ¡No podían confiar en que simplemente eran descendientes de Abraham (ver Lucas 3:8)! Para comenzar una vida dentro del reino de Dios, tenían que limpiarse de sus pecados pasados, y comenzar a vivir como verdaderos judíos (ver Lucas 3:10-14). Al bautizar a la gente, Juan estaba indicando que su ministerio consistía en reunir al verdadero pueblo de Israel, y prepararlos para la manifestación de Dios (ver Lucas 1:17b).


“…y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados

La palabra, “predicaba”, es ‘kerusson’[8]; viene del verbo ‘kerusso’, que significa ‘anunciar como un heraldo (‘kerux’)’. Según Mat 3:2, el anuncio de Juan se centró en la inminente llegada del reino de Dios. El bautismo que acompañó su mensaje, fue un bautismo de arrepentimiento, con miras al perdón de los pecados. Su propósito era preparar al pueblo para ingresar al reino de Dios que se estaba por manifestar[9].


La palabra “arrepentimiento” es ‘metanoia’. Significa ‘un cambio de pensamiento’, que conlleva un cambio de vida (‘conversión’). Ver Mat 3:7-10; Lucas 3:10-14.

“Por arrepentimiento él quería decir volverse completamente, dar una vuelta
completa, una vuelta sincera del pecado, incluyendo una entrega a una vida
cambiada y una determinación para evitar el pecar. El arrepentimiento comprendía
un cambio radical de mente, corazón y voluntad”[10].

Los profetas enfatizaban esto, hablando de la necesidad de ‘volver a Dios’. Este ‘retorno a Dios’ implicaba la necesidad de dejar de hacer aquellas cosas que ofenden a Dios. El llamado al arrepentimiento, por parte de Juan, implicaba que el pueblo de Dios se había vuelto tremendamente pecaminoso, y estaba en la imperiosa necesidad de arrepentirse, y volver a Dios.

El arrepentimiento incluye tres elementos importantes:

a. Un entendimiento de la maldad del pecado, como algo cometido contra Dios (Sal 51:4), y que por ende constituye una ofensa contra Él (Jer 44:4).
b. Una profunda tristeza por los pecados cometidos (2 Cor 7:10).
c. Un propósito serio de abandonar el pecado, y vivir una vida de santidad ante los ojos de Dios.


En el tiempo de Juan, el pueblo de Dios estaba bajo el yugo romano. Muchos judíos estaban incentivando a sus compatriotas a tomar armas, para resistir a los romanos, y expulsarlos de la Tierra Prometida. Juan no se une a ellos. Más bien, llama a la gente a reconocer su pecaminosidad, y a arrepentirse delante de Dios. ¡Sus pecados eran mayores enemigos que los romanos! ¡Sus pecados los tenían más esclavizados que los invasores!


El arrepentimiento era “para perdón de pecados”; es decir, su meta era obtener el perdón de los pecados. El verbo, ‘afiemi’, se usa en la LXX para traducir varios verbos en hebreo, que tienen el sentido de ‘soltar’ o ‘liberar’. El ‘perdón’, entonces, implica ‘soltar’ a alguien de la culpa o de la condenación del pecado.

La ley de Moisés solo ofrecía la purificación ceremonial de pecados cometidos; los sacrificios de los animales no lograban el perdón completo de los pecados, porque no podían expiar el pecado (ver Heb 10:1-4). El verdadero perdón de los pecados viene en el Nuevo Pacto, introducido por Cristo, y anticipado en el bautismo de Juan.

¿Cuál era la relación entre el bautismo de Juan y el perdón de los pecados? No estamos seguros. Lo que sí está claro es que el bautismo, por sí solo, no efectuaba el perdón de los pecados. El perdón dependía de una verdadera actitud interna, de un quebrantamiento ante Dios, de un reconocimiento de culpabilidad, y de una decisión seria de cambiar la forma de vida. Por eso Juan exhortaba, “Haced frutos dignos de arrepentimiento” (Mat 3:8).

NOTA: Aunque Marcos no explica el propósito del arrepentimiento y el bautismo (a lo menos,
no en forma explícita), los otros evangelistas si lo hacen, indicando que el
arrepentimiento se debe a la próxima venida del Mesías, quien viene a juzgar al pueblo
de Dios (Mat 3:10-12; Lucas 3:7-9).


Verso 5

Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén…”

A pesar de que Juan desarrolló su ministerio en un lugar poco conveniente (en un ‘desierto’), y anunció un mensaje poco atrayente (el arrepentimiento del pecado), el impacto de su ministerio fue tremendo. El verbo, “salían” (imperfecto), indica una acción continua; día tras día, la gente salía de Jerusalén y las zonas aledañas, para escuchar a Juan predicar, y ser bautizados por él. Como un comentarista afirma, Juan vació las ciudades, y llenó el desierto. ¡Qué ministerio!

Las palabras, “toda” y “todos”, no deben ser tomadas literalmente; apunta, más bien, a toda clase de gente – ‘pecadores’ y justos, fariseos y saduceos (Mat 3:7), ricos y pobres (Lucas 3:10), soldados y ‘publicanos’ (Lucas 3:12, 14).

El historiador, Josefo, confirma esta descripción del ministerio de Juan. Él habla de muchas personas que se congregaron para oír a Juan el Bautista, conmovidos tremendamente al escuchar sus palabras (ver Antigüedades, XVIII. 118). Un comentarista afirma que hasta un millón de personas podrían haber acudido a escuchar a Juan[11].

Marcos menciona Jerusalén y Judea. Mat 3:5 añade, “y toda la provincia de alrededor del Jordán”. Sabemos que también vinieron de Galilea, porque algunos de los discípulos de Juan eran del norte (Juan 1:40-41).

Luego de 400 años de silencio, la auténtica palabra profética se escucha de nuevo, y el pueblo de Dios reconoce en Juan un verdadero siervo de Dios. No solo lo reconoce, sino que salen al desierto para escucharle proclamar el mensaje de Dios.


y eran bautizados por él en el río Jordán

Como ya hemos notado, los judíos practicaban una suerte de ‘bautismo’ para los prosélitos, cuando un gentil quería convertirse al judaísmo[12]. Sin embargo, nunca se habían bautizado judíos, como Juan lo hacía. Ellos se consideraban hijos de Abraham, y por ende automáticamente parte del reino de Dios. Según el concepto popular, ningún judío podía ‘perderse’, espiritualmente[13]. Sin embargo, Juan niega eso (ver Mat 3:8-9), y llama a toda la nación a bautizarse, en señal de arrepentimiento.


“…confesando sus pecados

Aunque el mismo acto de descender a las aguas del Jordán para ser bautizados constituía una confesión implícita de su pecaminosidad, es probable que el bautismo fuera acompañado por una confesión verbal de sus pecados.

El verbo que Marcos usa aquí (‘exomologeo’[14]) es una palabra compuesta. El verbo básico es ‘logeo’, que significa ‘hablar. El prefijo, ‘omo’, significa ‘junto’ (y la preposición, ‘ek’ es para dar mayor énfasis al verbo). Por ende, la idea bíblica de ‘confesar’ algo es, ‘hablar junto con’ (es decir, ‘hablar la misma cosa que’) Dios; en este contexto lo que se estaba ‘confesando’ era la pecaminosidad de las personas que venían a bautizarse.

El análisis de este verbo apunta a la esencia de la confesión del pecado. Implica ponernos de acuerdo con Dios, y afirmar (juntamente con Él), que lo que Él dice acerca de nosotros es verdad – somos pecadores (Rom 3:23). Por ende, al confesar nuestros pecados, no debemos tratar de minimizarlos, o excusarnos, o poner pretextos. Lo que se requiere es simplemente ponernos de acuerdo con Dios acerca de lo que Él dice de nosotros (comparar 1 Juan 1:8-10).


Verso 6

Y Juan estaba vestido de pelo de camello

Esta vestimenta sería bastante incómoda, dado a que los largos pelos de los camellos irritarían la piel. ¿Por qué la usaba? En primer lugar, porque era la vestimenta de la gente pobre (Cristo afirmó que Juan no se vestía de ropas espléndidas; Mat 11:8). En segundo lugar, porque parece haber sido la insignia de un profeta (ver Zac 13:4). En tercer lugar, esta vestimenta apuntaba a que Juan se consideraba el cumplimiento de la profecía de Mal 4:5, acerca de la venida del profeta Elías antes de la llegada del Mesías (comparar la descripción de Elías, en 2 Rey 2:8).

¡Juan heredó tanto la pobreza material, como el poder y la autoridad espiritual de Elías! Demasiados predicadores desean el poder espiritual, pero no la pobreza o sencillez de vida (que frecuentemente es la condición para tener poder espiritual).


NOTA: El uso del verbo en el imperfecto (‘en’; “estaba vestido…”) apunta a una actividad
continua de Juan. ¡Su forma de vida era así!




y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos

Este cinto era para juntar la ropa, por la cintura, para dar mayor libertad al caminar, etc. Normalmente, la gente usaba un cinturón adornado. Juan usó un simple cinturón de cuero.


y comía langostas y miel silvestre

Esta era la comida del desierto, y apunta a una vida de gran sencillez y pobreza. Las langostas se comían secas o hervidas en agua salada (Barnes). Lev 11:2 permitía al judío comer langostas.

La “miel silvestre” probablemente venía de panales que las abejas hacían entre las rocas, o en algunos árboles del desierto.


Verso 7

Y predicaba, diciendo…”

Esta parece ser la segunda etapa del ministerio de Juan. Primero predicó acerca del pecado, y la necesidad de arrepentirse de ello (aceptando el bautismo como un símbolo de la limpieza espiritual que se ansiaba tener). Luego, una vez que captó la atención del pueblo, y presintió que el momento propicio había llegado, comenzó a predicar acerca de la venida del Mesías. Aquí es interesante notar también Lucas 3:15-16, que indica que Juan comenzó a predicar con mayor claridad acerca de la venida de Cristo cuando se dio cuenta que muchas personas estaban pensando que él (Juan) era el Mesías.


El mensaje de Juan apunta a un énfasis escatológico. Su ministerio no era un fin en sí, sino el medio para alcanzar un fin. El fin era la manifestación de Aquel que es más poderoso que él – es decir, del Mesías. Para los judíos la manifestación del Mesías marcaba el tiempo del fin (el ‘esjaton’); comparar Heb 1:2.


“…Viene tras mí el que es más poderoso que yo…”

Según Juan 1:15, la superioridad de Cristo se debe a Su preexistencia; aunque debemos notar que Juan 1:14 habla de la “gloria…del unigénito del Padre”, y el v.16 habla de la “plenitud” (de Dios) en Cristo. Todas estas cosas son parte de la superioridad de Cristo sobre Juan.


“...a quien no soy digno[15] de desatar encorvado la correa de su calzado

Quitar las sandalias de los pies de alguien era considerado como el trabajo de un esclavo. La tarea era vista como algo tan denigrante, que un siervo judío no estaba obligado a hacerlo (Mekilta sobre Ex 21:2). Un rabino judío (Josué ben Levi) dijo, “todo los servicios que un esclavo brinde a su amo, deben ser cumplidos por un discípulo a su maestro, con la excepción de remover su calzado” (Cranfield, p. 48).

Solo Marcos habla de agacharse (“encorvado”) para quitar las sandalias de Cristo. Mat 3:11 habla de ‘llevar’ las sandalias, mientras que Lucas 3:16 habla de ‘desatar la correa’ de las sandalias del Mesías. Obviamente cada evangelista complemente el relato de los otros.

Estas palabras apuntan a la tremenda humildad de Juan, ante un reconocimiento profundo y real de la grandeza de Cristo. ¡Algo que nos hace mucha falta a los predicadores en estos tiempos! Lo interesante es que aunque Juan realmente se consideraba indigno de desatar la correa de las sandalias de Cristo, ¡terminó bautizándolo (Mat 3:13-15; Marcos 1:9)!


Verso 8

Yo a la verdad os he bautizado con agua…”

Marcos usa el verbo en el aoristo (“os he bautizado”). Cranfield lo explica como un modismo hebreo, en el cual el verbo perfecto se usa con el sentido de un verbo en tiempo presente, y observa que los textos paralelos en Mateo y Lucas usan ‘baptizo’, que está en tiempo presente (Mat 3:11; Lucas 3:16). Sin embargo, Swete afirma que el aoristo indica que la carrera de Juan, como el bautista, había llegado a su fin. Ya cumplió con bautizar a la gente; lo que quedaba ahora era solo la manifestación del que bautizaría con o en el Espíritu Santo.


“…pero él os bautizará con Espíritu Santo

Muchos MSS omiten el artículo definido (‘el Espíritu Santo’); sin embargo, Cranfield afirma que esto no es de gran importancia, y cita Mat 1:18; Lucas 1:15, 35; 2:25, como otros versos donde se omite el artículo definido en el texto en griego, a pesar de que la referencia es al Espíritu Santo.

Varias profecías del AT predicen el envío del Espíritu Santo en los últimos tiempos, en relación con la llegada del Mesías (ver Joel 2:28s; Is 32:15; 44:3; Ezeq 36:25-27; 37:14; 39:29).


La frase, “con Espíritu Santo”, traduce la expresión en griego, ‘en pneumati jagio’. La preposición, ‘en’, seguida por un sustantivo en el caso dativo (como ocurre aquí), indica la esfera de una acción; por ende, la traducción de la RV, “con Espíritu Santo”, no es la mejor[16] (para mayores detalles, ver el Apéndice, ‘El Bautismo en el Espíritu Santo’ (p.16-17).


NOTA: Mat 3:11 y Lucas 3:16 añaden las palabras, “…y fuego”. La forma de palabras de
Marcos se encuentra en Juan 1:33 y Lucas 1:5. En el contexto del ministerio de Juan, la
referencia a ‘fuego’ debe ser entendida en relación con juicio (ver Mat 3:10, 12; Lucas
3:9, 17). En el bautismo de Juan, el agua simbolizaba la purificación de los pecados; de
igual modo, en el bautismo de Cristo, el fuego simboliza la purificación de los pecados, por
obra del Espíritu Santo.


Hoy en día cada persona que bautiza está en la misma condición de Juan. Puede bautizar en agua, pero depende de la obra de Cristo para el bautismo en Espíritu Santo. ¡Solo Cristo puede conceder el Espíritu Santo!


III. HOMILETICA


TEMA “El Ministerio que Agrada a Dios

Juan el Bautista nos provee un buen modelo de la clase de ministerio que agrada a Dios.

¿Cuáles fueron las características del ministerio de Juan?

A la luz de Marcos 1:4-8, podemos señalar CUATRO características de un ministerio que agrada a Dios.


1. Consagración (v.4a)

Juan se fue al desierto, para consagrarse a Dios, y a Su servicio. Juan no vivió una vida de satisfacción personal, sino que se dedicó por completo al servicio de Dios, como un Nazareno.


2. Sacrificio (v.6)

En el desierto, Juan vivió una vida bastante austera. Servir a Dios implicó un gran sacrificio, por parte de Juan. Sacrificó su dieta, su apariencia, su comodidad, etc. Pero por ello, fue recompensando con el poder de lo alto.


3. Un Llamado al Arrepentimiento (v.4b)

Juan enfocó su mensaje sobre el problema del pecado, y la necesidad de arrepentirse de ello, para obtener el perdón de los pecados. No escatimó sus palabras; denunció al pecado por nombre (ver evangelios paralelos), y llamó a todos al arrepentimiento.


4. Apuntó a Cristo (v.7-8)

El anhelo ferviente de Juan era que la gente conociera a Cristo. En todo su ministerio, apuntó a la venida de Cristo. Mencionó la excelencia de Su Persona (v.7), y la superioridad de Su ministerio (v.8).


Conclusión

Cuando servimos en una manera que agrada a Dios, podemos esperar la bendición de Dios. Esto fue lo que Juan halló (v.5). Dios lo usó grandemente, porque sirvió a Dios en forma espiritual.









APÉNDICE: “El Bautismo en el Espíritu Santo”

Hay mucho debate acerca de esta frase, que se usa en relación con una posible segunda experiencia del Espíritu Santo, frecuentemente relacionada con el don de lenguas. El propósito de este Apéndice es analizar las frases bíblicas, y explorar su significado.

A continuación presentamos las frases en griego (con sus respectivas traducciones literales), siguiendo el texto de Nestle Aland (26ava. Edición), que es reconocido por los estudiosos como el más fidedigno de los textos del NT en griego.


MATEO 3:11

ego…baptizo en judati…autos…baptisei en pneumati jagio kai puri’
Yo… bautizo en agua… Él… bautizará en Espíritu Santo y fuego


MARCOS 1:8

ego ebaptisa ( )[17] judati, autos…baptisei…(en)[18] pneumati jagio’
Yo bauticé en o con agua, Él .... bautizará… en Espíritu Santo


LUCAS 3:16

‘ego… judati baptizo…autos…baptisei en pneumati jagio kai puri
Yo en o con agua bautizo, Él… bautizará en Espíritu Santo y fuego


JUAN 1:33

jo pempsas me baptizein en judati joutos estin jo baptizon en pneumati jagio’
El que me envió a bautizar en agua, este es el que bautiza en Espíritu Santo


HECHOS 1:5 (y 11:16)

ebaptisen judati… en pneumati baptisthesthe jagio’
(Juan) bautizó en o con agua… (ustedes) en Espíritu serán bautizados Santo


En cada evangelio, tanto la palabra ‘agua’ como ‘Espíritu Santo’, están en el caso dativo (‘judati’, ‘pneumati jagio’). El dativo se usa en dos sentidos: locativo (se traduce, ‘en agua’; ‘en Espíritu Santo’) o instrumental (se traduce, ‘con agua’; ‘con Espíritu Santo’). Sin embargo, cuando se usa la preposición, ‘en’ (que significa, ‘en’), el sustantivo que sigue se expresa en el dativo, y el sentido siempre es locativo.

Aunque la RV (como la mayoría de las versiones de la Biblia en español) traduce estas frases, ‘con agua’ y ‘con Espíritu Santo’, habría que notar cuatro cosas:

1. En los evangelios y en Hechos, la frase que describe el ‘bautismo’ en relación con el Espíritu Santo siempre lleva la preposición, ‘en’, seguida por ‘Espíritu Santo’ en el caso dativo. Esto significa, que se debiera traducir, ‘bautizar en Espíritu Santo’.

2. En dos de los evangelios (Mateo y Juan), la frase que habla del ‘bautismo’ con agua, también usa la construcción, ‘en’, seguida por el sustantivo en el caso dativo, que apunta al sentido locativo; por ende, se debiera traducir, ‘bautizar en agua’.

3. En dos de los evangelios (Marcos y Lucas), y en Hechos, cuando se habla del bautismo en agua, no aparece la preposición, ‘en’; por ende, la construcción del sustantivo en el caso dativo (‘judati’) podría ser traducido como locativo (‘en agua’) o instrumental (‘con agua’). Sin embargo, la traducción, ‘en agua’, se hace más factible por la construcción de ‘en’ seguido por ‘judati’, en los otros evangelios (Mateo y Juan).

4. Si el verbo, ‘bautizar’, tiene el sentido de ‘sumergir’, y no simplemente, ‘lavar’ (ver Nota 6, p. 10), entonces la frase tendría que ser traducida, ‘bautizar en agua’; por ende el paralelo sería ‘bautizar en Espíritu Santo’.


Finalmente, debemos notar que el agente del bautismo espiritual, no es el Espíritu Santo, sino Cristo. En otras palabras, el ‘bautismo en Espíritu Santo’ no es uno efectuado por el Espíritu Santo, sino por Cristo.












[1] “Así se presentó Juan, bautizando en el desierto y predicando…” (NVI);
“Sucedió que Juan se presentó en el desierto bautizando…les decía…” (DHH);
“Juan el Bautista apareció en el desierto predicando…” (BDLA).
Para una explicación de estas diferentes traducciones (especialmente la de BDLA), ver comentario exegético, y Nota 2.
[2] Las diferentes traducciones ofrecidas en las versiones de la Biblia (ver Nota 1) se deben, tanto a ciertas variantes en el texto original, como a diferencias en la forma de interpretar el texto. La mayoría de los MSS en griego comienzan, ‘egeneto Ioannes baptizon’, que significa ‘Vino Juan bautizando’. Sin embargo, algunos MSS antiguos añaden el artículo definido (‘jo’) antes de ‘baptizon’, que da el sentido ‘el (que está) bautizando’; es decir, ‘el Bautista’ (BDLA, Nota 1). El título, ‘el Bautista’ generalmente se expresa, ‘jo baptistes’ (ver Marcos 6:25; 8:28); sin embargo, en algunos casos se usa la forma, ‘jo baptizon’ (Marcos 6:14, 24).
[3] Lucas 3:3 señala que Juan no quedó en un solo lugar, sino que desarrolló su ministerio “por toda la región contigua al Jordán”. Juan 1:28 ubica el ministerio de Juan al este del río Jordán.
[4] Por ende, la tendencia de relacionar el desierto con movimientos mesiánicos revolucionarios (Hch 21:38; comparar Mat 24:26).
[5] Lucas 3:1-3 indica el momento histórico en el cual Juan comenzó su ministerio.
[6] Para mayores detalles acerca de la condición moral y espiritual de Israel en ese tiempo, ver Edersheim, La Vida y Tiempos de Jesús el Mesías (Libro II, cap. XI).
[7] Usos interesantes del verbo, ‘baptizo’, en la LXX (donde únicamente se usa para traducir el verbo hebreo, ‘tabal’) incluyen Lev 14:6, 51 (de una ave que se mojaba en la sangre de otra ave), Núm 19:18 (de mojar hisopo en el agua), Deut 33:24 (de mojar el pie en aceite), Rut 2:14 (de mojar un bocado de pan en vinagre), 2 Rey 5:14 (de Naamán zambulléndose en el río Jordán). Todos estos textos indican que ‘bautizar’ involucraba sumergir en un líquido (no simplemente echar un líquido sobre algo). Para mayores detalles, ver el comentario de Barnes sobre Mat 3:7.
[8] Marcos usa el participio, que significa (literalmente), ‘predicando’.
[9] Para mayores detalles acerca del ‘Reino de Dios’, ver Edersheim, op. cit., Libro II, cap. XI.
[10] R. Brown, op. cit., p. 13.
[11] Ver, The Fourfold Gospel.
[12] Edersheim (op. cit.) describe esto, en al Apéndice XII, ‘Sobre el Bautismo de los Prosélitos’
[13] Por ejemplo, un escrito de los judíos presenta a Abraham sentado a la puerta de Gehena (el infierno), para salvar a cualquier judío que corría el riesgo de ser consignado a ese lugar. Para mayores detalles acerca de la excesiva fe que los judíos depositaban en ser hijos de Abraham, ver Edersheim, op. cit., Libro II, cap. XI.
[14] Es interesante notar que el verbo, ‘exomologeo’, se usa en el AT de glorificar a Dios (Josué 7:19). En el NT este verbo se usa en el sentido de ‘alabar a Dios’, en Mat 11:25. El uso de este verbo en relación con la palabra ‘pecado’ (‘jamartia’) se halla en la LXX solo en Dan 9:20.
[15] La palabra que Marcos usa es ‘jikanos’, que conlleva la idea de ‘suficiente’ o ‘competente’ (ver 2 Cor 2:16; 3:5). Juan 1:27 emplea el término, ‘axios’, que significa ‘digno’ (ver Lucas 15:19).
[16] Podemos notar que la NVI, aunque el texto dice “los bautizará con el Espíritu Santo”, ofrece una traducción alternativa, ‘en el Espíritu Santo’ (en una nota al pie de página).
[17] Algunos MSS antiguos añaden la palabra ‘en’, pero Nestle Aland lo omite.
[18] Algunos MSS antiguos omiten la palabra ‘en’, pero Nestle Aland lo incluye.

Marcos 1:1-3

Comentario Analítico, Exegético y Homilético”
Marcos
Alex Donnelly


MARCOS 1:1-3


“1. Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2. Como está escrito en Isaías el
profeta:

He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti
3. Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas”.


Pasajes paralelos: Is 40:3; Mal 3:1; Mat 3:3; 11:10; Lucas 3:4-6; 7:27.


I. ANÁLISIS


Estos versos constituyen la introducción al evangelio de Marcos. Consisten de un encabezamiento (v.1), y dos citas de los profetas (v.2-3). La relación entre estas dos partes es que el “evangelio de Jesucristo” (v.1) constituye el cumplimiento de las profecías del AT. El v.1 describe la Persona de Cristo, mientras que los vv. 2-3 describen la figura del Mensajero (Juan el Bautista). En estos versos tenemos, en forma embrionaria, todo el evangelio (ver bosquejo del sermón sobre estos versos en la sección, “Homilética”).




II. EXÉGESIS

Verso 1

Este verso es el encabezamiento de todo el evangelio. Sirve casi como un título para todo el evangelio (aunque ver notas siguientes).


“Principio del evangelio…”

¿A qué se refiere Marcos, cuando habla del “Principio del evangelio” (‘Arje tou euangeliou’[1])? Algunos argumentan que se refiere al ministerio de Juan el Bautista, como heraldo de Cristo (ver Hch 1:21-22; 10:37-28, y comparar Lucas 3:1-3)[2]. Otros afirman que la frase debe ser entendida de todo el evangelio de Marcos, indicando que todo lo que Marcos describe en este evangelio es solo el inicio de todas las ‘buenas noticias’ de Cristo (comparar Hch 1:1)[3]. Una tercera interpretación es que la palabra, “Principio…”, refiere solo a los eventos narrados en v.2-13, que constituyen una suerte de introducción al ministerio terrenal de Cristo, que comienza en v.14.

NOTA: En realidad, el ‘evangelio’ comenzó, en la eternidad, cuando el Hijo fue destinado a ser
el Salvador del mundo (Apo 13:8). Este ‘evangelio’ fue anunciado por primera vez, en
Gén 3:15 (conocido como el ‘proto evangelio’). Luego, a lo largo del AT el ‘evangelio’
fue anunciado, tanto en símbolos y ‘sombras’, como por los profetas. La manifestación
de Juan el Bautista fue simplemente la culminación de miles de años de preparación,
por parte de Dios, de las ‘buenas noticias’ de salvación.


Mateo y Lucas comienzan sus narrativos de la vida de Cristo con el relato de Su nacimiento; Juan va mucho más atrás, y comienza con la eternidad del Verbo (Juan 1:1-18). Marcos comienza su relato con el ministerio de Juan el Bautista, el heraldo de Cristo.

La palabra ‘evangelio’ es de gran importancia en el NT, pero es importante entender cómo los autores de la Biblia emplean esta palabra (especialmente en los relatos de la vida de Cristo[4]). Aunque el término, ‘euangelion’, es una palabra griega, debemos notar la manera en que esta palabra se usa en la LXX. En esta versión del AT en griego, los traductores usaron el término ‘euangelion’ para traducir la palabra hebrea ‘basar’. Esta palabra casi siempre significa, ‘anunciar buenas noticias’ (ver 1 Rey 1:42; Jer 20:15). Sin embargo, el uso más importante de esta palabra está en relación con el anuncio de las ‘buenas nuevas’ de la manifestación del Reino de Dios (ver Is 40:9; 41:27; 52:7; 60:6; etc.). Esto tiene que ver con la intervención de Dios en la historia – interviniendo para juzgar a los pecadores, salvar a Su pueblo de sus enemigos, e implantar Su gobierno de paz y justicia universal (ver Sal 72; Is 9 y 11; etc.). El heraldo que anuncia la manifestación del reino de Dios, es llamado el ‘mebasser’ – la “anunciadora” (Is 40:9), o el “mensajero” (Is 41:27) de buenas noticias.

Los evangelistas presentan a Cristo como el pregonero de buenas noticias (ver Marcos 1:14-15). Sin embargo, Él mismo constituye el corazón de las ‘buenas noticias’, dado a que es por medio de Su Persona que el Reino de Dios se manifiesta (ver Mat 12:28; etc.).

Aparte del uso de esta palabra en el AT, ‘euangelion’ también tiene un trasfondo pagano. Para los habitantes del imperio romano, esta palabra estaba asociada con el culto al emperador. El anuncio del nacimiento del heredero al trono, la fecha en que llegaba a su mayoría de edad, o el momento de su coronación – todos estos eventos eran considerados ‘euangelia’ (“buenas nuevas”). Por ende, el anuncio del ‘evangelio’ de Cristo apunta a un conflicto entre el verdadero ‘euangelion’ de Dios (anunciado por las Escrituras del AT), y las supuestas ‘buenas noticias’ (‘euangelia’) de los dioses falsos del imperio romano.


“…de Jesucristo”

El nombre “Jesús” (‘Iesous’) viene del nombre hebreo, ‘Yeshúa’ (“Josué”). Era un nombre bastante común entre los judíos, hasta el segundo siglo d.C. Significa, ‘Jehová es salvación’ o ‘salvación es de Jehová’. Mateo 1:21 indica que este nombre fue dado por orden del ángel, y apuntaba a Su ministerio terrenal[5].
“Cristo” es más un título que un nombre propio. Significa, ‘el ungido’. Evoca todas las profecías del AT que hablan de la venida del Ungido de Jehová (Sal 2:2, 7-12; 45:7; Is 11:2ss; 42:1ss; 61:1ss).


“Hijo de Dios”

Estas palabras constituyen otro de los títulos de Cristo; un título que cobró mayor importancia después de Su muerte y resurrección (cosas que evidenciaron Su verdadera identidad; Rom 1:4). En realidad, los evangelios casi no mencionan este título.

Marcos coloca este título al comienzo del evangelio, para resaltar la importancia de los eventos que va a narrar a continuación. Estos eventos no son simplemente la historia de un ser humano, sino de Alguien que es nada menos que el eterno Hijo de Dios (ver Juan 1:18; Col 1:15; Heb 1:2).

El título, “Cristo”, apelaría a los judíos, mientras que el título, “Hijo de Dios”, apelaría a los gentiles, para quienes Marcos escribe en forma particular (ver ‘Introducción al Evangelio de Marcos’).

Aunque las palabras “Hijo de Dios” no se encuentran en algunos MSS antiguos[6], Marcos hace varias referencias a este título a lo largo de su obra (Marcos 1:11; 3:11; 5:7; 9:7; 14:61; 15:39). Lo interesante es notar que Cristo es llamado ‘Hijo de Dios’ solo por Dios el Padre (Marcos 1:11; 9:7), los demonios (Marcos 3:11; 5:7), y el centurión (Marcos 15:39)[7]. En esta manera, Marcos ilustra la ceguera espiritual de los judíos, que rehusaron reconocer la divinidad de Cristo.

Es interesante notar que cuando Pablo comenzó a predicar el evangelio, una de las primeras cosas que quiso demostrar fue que Cristo “era el Hijo de Dios” (Hch 9:20).


Verso 2

“Como está escrito en Isaías el profeta”

Aunque la RV traduce el verbo como si estuviera en tiempo presente (“está escrito”), en realidad Marcos usa el perfecto (‘gegraptai); por ende, se podría traducir, ‘Como fue escrito en Isaías…’ (comparar DHH, “El profeta Isaías había escrito…”).

Las citas a continuación (v.2-3) vienen de dos libros proféticos – de Malaquías (v.2) y de Isaías (v.3). ¿Por qué Marcos solo menciona a Isaías (v.2)? Aunque algunos comentaristas opinan que fue un error por parte del evangelista, esto no es probable. Los judíos conocían bien las Escrituras; especialmente las Escrituras que tenían que ver con la venida del Mesías. Es muy difícil pensar que Marcos haya hecho un error tan garrafal al comienzo de su evangelio.

Otras respuestas han sido dadas que merecen mayor consideración:

El anuncio de la venida de un Mensajero originó en el ministerio de Isaías; las palabras de Malaquías fueron simplemente un complemento de lo que Isaías había dicho siglos antes. Por ende, Marcos solo menciona el nombre de Isaías.
La profecía de Malaquías era parte del rollo de los ‘Profetas Menores’, que por ser una colección de profecías, por diferentes autores, no llevaba nombre propio. Por ende, Marcos no podía decir ‘Como está escrito en el libro de Malaquías el profeta’, porque tal libro no existía.

La palabra, “Malaquías”, significa ‘Mi Mensajero’. Muchos comentaristas opinan que este es un título, y no el nombre propio del profeta que redactó el último libro del AT. Por ende, Marcos no podía escribir ‘Como está escrito en Malaquías el profeta’.


“He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz…”

La cita viene de Mal 3:1a, donde el profeta afirma: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí” [8]. Cristo cita esta profecía en Mateo 11:10 y Lucas 7:27.

¿Quién es este “mensajero”? La palabra, tanto en este verso (‘angelos’), como en Mal 3:1 (‘malak’), significa ‘angel’ (en el sentido de ‘mensajero’). Algunos judíos lo tomaban como una figura que vendría en los últimos tiempos, preparando el camino para la venida de Dios. Sin embargo, en el primer siglo, la interpretación que prevalecía era que este ‘mensajero’ iba a ser el precursor del Mesías. La manera en que Marcos cita Mal 3:1, indica que ésta es su interpretación de ese pasaje[9]. El ‘mensajero’ es obviamente Juan el Bautista, a quien su padre lo llamó “profeta del Altísimo” (Lucas 1:76; ver Mat 3:1-3).

Una comparación entre el texto de Marcos, y la cita de Malaquías, indica que Marcos ha añadido la frase, “delante de tu faz”[10] (comparar Lucas 1:76, donde Zacarías predice de su hijo, “irás delante de la presencia del Señor”; literalmente, ‘irás delante del rostro del Señor’). Esta frase parece ser tomada de la LXX de Ex 23:20[11]). Para mayores detalles ver el comentario sobre Mat 11:10 y Lucas 7:27, donde el Señor mismo cita Malaquías 3:1, y añade esta frase.


“…El cual preparará tu camino delante de ti”

El verbo es ‘kataskeuazo’; significa, ‘preparar completamente’. Este verbo se usa en contextos de construcción (ver Heb 3:3-4; 9:2, 6); particularmente, del arca de Noé, que requirió un trabajo minucioso (ver Heb 11:7; 1 Ped 3:20).

¿Por qué era necesario preparar con tanto cuidado el camino para la venida del Mesías? La respuesta tiene que ver con la condición pecaminosa del pueblo de Dios en el primer siglo, luego de años de dominio por parte de naciones paganas (Babilonios, Medo-Persas, Griegos, Romanos[12]). El ministerio de Juan el Bautista consistió en denunciar el pecado del pueblo, y llamarles al arrepentimiento (ver Lucas 1:16-17; Marcos 1:4). También dio a conocer la salvación que vendría por medio del Mesías (Lucas 1:76-77), y la necesidad de enmendar sus caminos para recibir al Mesías (Lucas 1:79; 3:7-14). En este sentido, el ministerio de Juan el Bautista es un tremendo modelo de lo que debe hacer todo evangelista hoy en día.


Verso 3

“Voz del que clama en el desierto…

Esta cita viene de Is 40:3, “Voz que clama en el desierto: Preparad comino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios”. Marcos cita este texto en exactamente la misma forma en que lo hacen Mateo y Lucas (ver Mat 3:3 y Lucas 3:4).

El TM de Is 40:3 dice, “Voz que clama,

‘En el desierto preparad camino a Jehová;
enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios’”

Esto indica que el desierto no era tanto el lugar donde el mensajero iba a hablar, sino donde el camino tenía que ser preparado (para recibir a un rey proveniente del oriente, donde el pueblo de Israel estaba en el exilio[13]). En el contexto de Is 40:3-5, este “desierto” era toda la región desértica entre Babilonia y Judea, mayormente al este del río Jordán. Sin embargo, Marcos cita de la LXX, que relaciona el desierto con el lugar donde el mensajero iba a desarrollar su ministerio como heraldo del Mesías[14]. Esto resultó ser la región entre Jerusalén y el Mar Muerto, al oeste del río Jordán.

El verbo, “clama”, es ‘boao’. Significa un clamor muy fuerte y vigoroso. Es el verbo que se usa de Cristo clamando en la cruz, en el momento de Su muerte (Marcos 15:34). También se usa del ciego que clamó al Señor que tuviera misericordia de él (Lucas 18:38). En Hch 8:7 este verbo se usa del clamor de los demonios; y en Gál 4:27, de una mujer clamando con dolores de parto. Por ende, el cuadro que nos presenta Marcos es de un mensajero que estaba hablando enérgicamente (ver DHH y NVI), llamando a los pecadores a arrepentirse, y a prepararse para la venida del Mesías.


“…Preparad[15] el camino del Señor…”

Según Is 40:3, el “Señor” (‘Kurios’) es nada menos que “Jehová”. En el contexto de Is 40, lo que el profeta tenía en mente era la venida de Dios, manifestando Su gloria y trayendo a los exiliados (comparar Is 40:5, 10). Pero resulta que el Dios que iba a venir no era Dios el Padre (como pensaban los judíos), sino Dios el Hijo, el Mesías divino; y las personas que iban a ser rescatadas, no eran tanto los judíos exiliados (Is 40:11), sino las personas que estaban aprisionadas por Satanás (comparar Is 61:1-3, y Lucas 4:17-21).


“…Enderezad sus sendas”

La imagen que el profeta tiene en mente es la de un gran potentado, cuyo camino se está preparando para su mayor comodidad, y pronta llegada (ver Is 40:3-5). Según la imagen del mensaje original, el ‘camino’ sería un sendero literal; la idea siendo que un gran rey requiere el uso de un camino que sea lo más recto y plano posible. Dos cosas obstaculizaban la llegada del Gran Viajero – una ruta torcida (entre las montañas), y los altibajos (valles y montañas). Todo esto tenía que aplanado y enderezado, para facilitar la venida del Gran Rey.


El ministerio del heraldo (Juan el Bautista) consistía en decir al pueblo que ellos tenían que preparar el ‘camino’ de sus vidas y corazones; que no haya nada en ellos que estorbaría la venida del Rey Mesías. Los aspectos ‘torcidos’ de sus vidas tenían que se enderezados por el Espíritu Santo, y las cosas ‘ocultas’ (los valles) o su altivez (el orgullo) tenían que ser sacados a la luz, o nivelados, para que Dios se manifestara en sus vidas.


El mensaje de Juan es un mensaje muy pertinente para nuestros tiempos. Si queremos una mayor manifestación de Dios en nuestras vidas, tenemos que preparar nuestros corazones para ello; arrepintiéndonos de nuestros pecados, y ‘convirtiéndonos’ a la clase de vida que agrada a Dios. Solo así podremos experimentar una mayor revelación de Dios en nuestras vidas.





































III. HOMILÉTICA


TEMA: “El Corazón del Evangelio”

En estos primeros tres versos tenemos una presentación del corazón mismo del evangelio. El evangelio tiene que ver con la venida de una Persona de tremenda importancia, con un propósito muy particular; y para aprovechar de esta venida, tenemos que preparar nuestros corazones para recibirlo.

Ampliemos estos puntos.


1. LA IMPORTANCIA DE LA PERSONA (v.1b)

¿De quién trata este libro que vamos a estudiar? Es de una Persona de gran importancia. Marcos lo describe con tres nombres o títulos:

a. Es ‘Jesús’

b. Es ‘Cristo’

c. Es el ‘Hijo de Dios’


2. LA IMPORTANCIA DE SU VENIDA (v.1a)

¿Para qué vino Cristo? La respuesta está en la palabra, “evangelio”. El ‘evangelio’ (‘buenas noticias’) tiene que ver con:

a. La Intervención de Dios

b. La Manifestación del Reino

c. La Salvación del Hombre


3. LA IMPORTANCIA DE LA PREPARACIÓN (v.2-3)

Si queremos beneficiarnos de estas ‘buenas noticias’, ¿qué tenemos que hacer? ¡La preparación es muy necesaria! Tenemos que:

a. Hacer Caso al Mensajero

b. Preparar Nuestros Corazones
[1] Comparar el comienzo del libro de Oseas, en la LXX – ‘Arje logou Kuriou en Osee’ (‘El principio de la palabra del Señor, por medio de Oseas’).
[2] Es interesante observar las palabras de Lucas 16:16, “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado…”. Por ende, el ministerio de Juan marca el inicio del ‘evangelio’ (aunque comparar Juan 1:17, que indica que el ‘evangelio’ comenzó con Cristo mismo).
[3] Sin embargo, debemos notar que la palabra ‘evangelio’ no se usó de los primeros cuatro libros del NT (‘los Evangelios’) hasta el segundo siglo de la era cristiana. Por ende, Marcos no está usando esta palabra en el sentido que se usó posteriormente, de un libro que narra la vida de Cristo.
[4] Especialmente Mat 4:23; 9:35; 11:5; Marcos 1:14-15; Lucas 4:43; 8:1; etc.
[5] Ver también Lucas 1:31; 2:21.
[6] Esto probablemente se debe a que algún copista los omitió por error, y este error fue duplicado en las copias que se hicieron posteriormente de este texto.
[7] En Marcos 14:61, el título es usado por el Sumo Sacerdote, pero en un contexto de incredulidad y abierto rechazo de la validez de este título.
[8] Algunos comentaristas observan que la primera parte de la cita (“He aquí, yo envío mi mensajero…”) viene de la LXX de Éx 23:20a (donde la palabra “Ángel” significa ‘mensajero’); la segunda parte (“…el cual preparará el camino delante de…”) concuerda con el TM de Mal 3:1.
[9] En realidad, las dos interpretaciones resultan ser ciertas, porque el “mensajero” de Mal 3:1a, prepara el camino para el “Ángel del Pacto” (Mal 3:1b), quien es descrito como “el Señor” (‘adonai’). A la luz de pasajes tales como Éx 23:20; 32:34; 33:2, el “Ángel del Pacto” parece estar identificado con el ‘Ángel de Jehová’ – un ser Divino.
[10] Las versiones DHH, NVI y RVA omiten esta frase, al parecer considerando que es una frase idiomática, que simplemente significa, ‘delante de ti’; la BDLA la retiene.
[11] La LXX de Ex 23:20 dice, ‘idou ego apostello tov angelon mou pro prosopou (rostro) sou’ (que es exactamente lo que dice Marcos 1:2a.
[12] Durante este tiempo, el pueblo de Dios se había corrompido moral y espiritualmente; evidencia de eso hallamos en la cantidad de personas endemoniadas mencionadas en los evangelios. La arqueología demuestra mucha evidencia de prácticas ocultistas en este tiempo, en Palestina, como también de la influencia del helenismo (gimnasios, templos paganos, etc.).
[13] Para mayores detalles de esto, ver el comentario sobre Is 40:3-5.
[14] Para mayores detalles acerca de por qué Juan el Bautista desarrolló su ministerio en el desierto, ver notas sobre Marcos 1:4.
[15] Aquí el verbo es ‘etoimazo’, que significa simplemente, ‘alistar’ (ver Marcos 10:40; 14:12, 15; etc.).